lunes, 13 de abril de 2009

Princesa del cuento. III

ya lo terminé de escribir,,, ahora es su momento de leerlo!
este es solo el cap 3 de 4.. jejeje
luego quiero hacer la segunda parte...
Disfruten la historia!
Ann
♥kiss♥

3.
Sacó una botellita como las de perfume, tallada y delgada, bebió su contenido. Un poco de líquido plateado escurrió por la comisura de su boca, que él se apresuró a limpiar, tal vez, para que no lo viera. Ya era demasiado tarde para eso. De todas maneras no entendí ni que era eso ni para que lo bebía.
Empecé a desesperarme, no sabía qué planeaba hacer, pero antes de que pudiera expresar mis dudas en voz alta, habló.
– Tenemos que hablar.
¿Hablar? ¿De qué íbamos a hablar? ¿De por qué estaba tan cómodo en mi cama? ¿O de mi abuela recién fallecida?
– No, de eso todavía no.
– ¿Qué?
– Tú también deberías ponerte cómoda, nos vamos a tardar un rato. Y sí, Andrea tiene mucho que ver con esto.
¿Cómo… respondió a mis preguntas no pronunciadas?
– Lo entenderás a lo largo de la historia.
¡Otra vez! ¿Cómo…?
– No es momento – palmeó la cama junto a él –, ven siéntate.
Aun no estaba en condiciones para discutir, así que le hice caso y me senté.
– ¿De qué quieres hablar? – al parecer a mi cerebro no se le ocurrió otra cosa mejor que decir.
– De ti.
¿Eh? Otra vez no entendí.
– ¿Cómo que de mi? ¿Por qué de mí? ¿Yo que hice? ¿Qué…?
No me dejó terminar, al parecer tenía prisa por contarme algo.
– No es algo que hayas hecho… es lo que eres.
– Yo no…
– Les dije – ahora ya no me estaba hablando a mí, solo pensaba en voz alta –, les advertí que este momento iba a ser complicado, yo sabía que no me ibas a creer…
– Pero si no me has dicho nada – al fin comenzaba a prestar atención a lo que me estaba diciendo.
– Tú no eres… de aquí.
– ¿Cómo que no soy de aquí? Yo nací en esta ciudad, claro que soy de aquí.
– ¿Sabes que Jesucristo es hijo de Dios, verdad? – asentí, ¿a qué punto quería llegar? – Tu naturaleza es… similar.
– No comp…
– Es difícil, ¿si? ¡Déjame pensar como explicarte!
– Así que esa mujer tenía razón… – estaba analizando el sueño de esa noche.
– ¿Qué mujer? Hoy no has hablado con ninguna mujer – me cortó la frase otra vez.
– Es que... – ahora era yo la que no sabía como explicarse – soñé con ella.
Esto lo animó, sonrió y levantó un puño, como celebrando algo.
– ¿Cómo te llamó ella? ¿Qué te dijo? ¿A qué te refieres con que ella tenía razón? ¡Vamos, cuéntame!
– Ella no me llamó, simplemente apareció un día en mis sueños, y hoy dijo que la vida… de los de aquí… era muy inestable y que mueren antes que nosotros – cada vez mis palabras se escuchaban menos, poco a poco caí en cuenta de que ella sabía de las limitaciones de la comunicación, y que hoy iba a morir mi abuela. Recuperé el sentido de la conversación y mi tono de voz, casi grité – ¡Irina!
Que gracioso, había hecho que se sobresaltara.
– ¿Se llamaba Irina?
– No, no, ella me llamó Irina –, dije mientras corría a abrir el cajón de mi buró y le di mi cuaderno de notas – mira.
Él tomo el cuaderno como si fuera una joya valiosísima y leyó la página que le mostraba, una de las primeras que escribí.
– Esto… – señaló el cuaderno – ¡Esto facilita mucho las cosas! – Él estaba muy feliz – ¿Por qué no me habías dicho nada acerca de esto?
– Porque son solo sueños, no pasan en la realidad, no tienen importancia – me había hecho sentir culpable.
– ¿Le has preguntado a ella –, señaló el escrito – si son solo sueños?
– N-no…
– Es porque en el fondo sabes que es real.
– Pero no es real, estas cosas no pasan en la vida real – estaba poniéndome histérica otra vez.
– En ésta realidad no, pero en la nuestra si – al decir ésta, señaló al suelo; y al decir nuestra, me tomó de la mano.
– ¿Nuestra?
– “Jesucristo, que nació por obra y gracia de Santa Maria, siempre virgen” – recitó él – “Hijo de Dios nacido en la Tierra…”
– ¿Qué tiene que ver conmigo?
– ¿No te dije ya que tu naturaleza es similar? – Asentí – Dios le dio a Santa Maria un hijo, con la misma naturaleza del padre… algo así te pasó a ti.
– ¿Y si mejor me dices todo directamente? Tus explicaciones me están confundiendo.
Él sonrió, al parecer quería contarme más de lo que creía que iba a poder comprender.
– Bien, pero debes saber que es una historia bastante larga, y más difícil de comprender de lo que crees ahora – cerró los ojos, recordando y me comenzó a relatar, como si fuera un cuento de hadas.
¿En que lío estaba metida? Él adivinó mis pensamientos y sonrió de nuevo.
– El mundo de donde somos, el mundo entre aquí y allá, como tú lo llamaste, el que dices que no existe, de ahí es de donde somos.
> Naciste en un tiempo en que el reino gozaba de paz, pero por alguna razón que desconozco, desaparecieron las hijas del Rey, ‘la Princesa Irina’ y ‘la Princesa Anelise’. Eso era impensable, ¿Cómo pudieron dos bebes de menos de un mes desvanecerse en la nada, en un lugar donde es la nada en donde vives?
> Se desató una guerra, entre los tres reinos, usando términos de aquí son: materia, antimateria y nada. Nos ordenaron y dotaron para encontrarlas, un guardián para ti y uno para Anelise. Al poco tiempo que salí de casa hallé a tu hermana, pero no era a ella a quien yo debía proteger, así que la lleve con los Reyes, tomé provisiones y volví a mi búsqueda – él hacía ademanes para que yo entendiera lo que me queria explicar, como cuando dijo “aquí y allí” y señalo el suelo y la ventana, o cuando dijo provisiones y señaló la botellita.
> Cómo y qué es lo que hice, es cosa mía, pero debes saber que tardé 9 años terrestres para encontrarte. Mis órdenes eran llevarte de vuelta lo más pronto posible, pero si tenías un tutor, que no debías tener –, aclaró – había que llegar a un acuerdo con él para arreglar tu regreso.
> Ah, mis órdenes de nuevo, yo solo puedo contarte a ti y a tu tutor lo que realmente eres, y Andrea Ángeles de Custodio, fue la mejor persona con la que yo podía dejarte a cargo. No podía tener tu abuela un mejor nombre, además el señor Custodio ya había muerto, así que solo ella iba a enterarse en ese momento.
> – Me ordenaron llevarla sana y salva, muy bien protegida y custodiada de regreso a su mundo, con sus amorosos padres, el ‘Rey (inserte nombre)’ y la ‘Reina (inserte nombre)’, señora Andrea – le dije.
> – Cuídala, protégela, si quieres ámala, pero es mucho pedir lo que quieres, no podrás llevártela mientras yo esté viva.
> – ¿Eso quiere decir que una vez que usted muera me la podré llevar de regreso?
> – Si, pero antes deberás contarle quien es
> – Hecho – como no llegué a tiempo tenía que atenerme a las consecuencias.
> Pedí más provisiones a la base y me adapté a la edad que tus tenias, para poder cuidarte mejor. Ese era mi trabajo, para eso estaba aquí. Imagina mi sorpresa cuando tu me gritaste “hey tu, el nuevo, ¿juegas con nosotros?”. Poco a poco me acostumbré a llamarte por tu nombre y dejaste de ser “la princesa Irina”. Esa es una de las cosas que no olvidaré jamás, ¡ja!, como si fuera posible olvidar estos años – Él volvía a estar muy alegre, pero aun así era una alegría que expresaba nostalgia por lo que íbamos a dejar pronto. – Él terminó de hablar.
No pude contenerme y me puse a llorar. Él me abrazó e intentó consolarme.
– ¿Qué eres? – sollocé.
– Comandante en jefe de la tropa alfa vampírica, Guardaespaldas personal de la princesa Irina.
Cuando entendí a que se refería sofoqué un grito y me tapé la garganta. Él se burló de nuevo y me sostuvo las manos.
– No es lo que piensas, solo los vampiros terrestres se alimentan de la sangre de seres vivos –. Sonrió y me enseñó la botellita que tanto me intrigaba – Plasma de la mejor calidad.
– No entiendo.
– Yo me alimento de la energía vital de las estrellas, aun deben quedar unas gotas, prueba si quieres –. Me ofreció la botella.
Mi curiosidad fue mas fuerte que mi sentido común así que sin importarme si lo que iba a probar era bueno o malo, tomé un poco del liquido plateado que quedaba en la tapa y lo probé. Dulce, acido, amargo, salado, no picante, y aun así, no sabía a nada.
– ¿A qué te sabe?
– Tiene muchas sensaciones, pero no sabe a nada.
– A mi me sabe mejor que todas esas comidas humanas – fue la primera vez que los llamó humanos.
Recordé los cuentos de hadas, y siempre la princesa se casa con un príncipe, ‘las princesas no se casan con sus guardaespaldas’.
– Tienes razón – de nuevo se me adelantó e hizo que recordara una de mis dudas, una entre las tantas que habían salido ese día.
– ¿Lees mis pensamiento?
– No – y sonrió de nuevo.
– ¿Entonces cómo…?
– ¿Si? – me apremió él.
– ¿Cómo es que sabes lo que estoy pensando?
– Te dije antes que fui dotado de habilidades para protegerte y encontrarte, ¿verdad? – estaba contrariada, no entendí de que me estaba hablando.
– Sí.
– No puedo leer tu mente – estaba a punto de protestar, pero el se me adelantó – Pero entre esas capacidades está la de encontrarte donde quiera que estés, fue un inconveniente que tu alma entrara en un humano que aun no nacía, porque aun no habitabas como ser vivo, eras dependiente de tu madre. Por eso y porque empecé en el lado equivocado del universo. ¡9 años! Casi me despiden por no haberte encontrado, pero como mandé explicaciones directamente a tus padres, ellos me perdonaron a cambio de que yo no podía salir de aquí si no era contigo para volver a casa. Curioso, pusieron las mismas objeciones que tu abuela: “Cuídala y protégela, debes traerla contigo, y si no, no regreses”.
– Dices que soy la heredera, ¿verdad?
– Si, eso es lo que eres, Princesa – dijo con una reverencia.
– No me digas así – le pedí, muy apenada.
Bajé la cabeza. A pesar de que él ya me había visto así, nunca había sido por su culpa. Él me tomó la barbilla e hizo que lo mirara.
– Lo que digas, hermosa.
Me sonrojé, jamás nadie me habia llamado “hermosa”. El sonrió de nuevo. ¡Aún no me había explicado como lo sabía! Ahora tenía más dudas que al principio, que guardián tan tramposo.
– ¿Por qué Anelise no puede serlo?
– Genes – simple y sencillo, aún así no le entendí. Por ahora lo dejé pasar, antes de que me volviera a cambiar el tema y no contestara mi pregunta.
– ¿¡Cómo es que sabes lo que pienso!?
– Otro de mis dones es saber lo que no me dices – entendió mi perplejidad y me explicó – hay cosas que piensas decirme pero no pronuncias, eso puedo escuchar, lo demás esta bloqueado para mis dones.
– ¿Existen mas dones? – pregunté, sofocando un bostezo.
– Algunos.
Iba a hacer que me dijera, pero él fue más rápido que yo. Me arropó con las cobijas e hizo que lo soltara, al parecer había estado abrazándolo por mucho rato. Este descubrimiento hizo que me sonrojara más y él se rió. Me acomodó bien en la cama y me sobresalté, mi abuela era siempre la que hacía esto y ahora… ya no estaba. Lloré.
– No llores, hermosa, si tenemos suerte, pronto la verás – una chispa de esperanza brotó en mi – vamos, duérmete.
Me besó dulcemente en la frente, por un milisegundo pensé gritarle “¡No! ¡En la frente no! ¡Vamos! ¡Dame un beso…!”. Y justo cuando llegué a este punto, reaccioné y frené mis pensamientos, casi escuche como se reía contra mi frente, donde aun estaban sus labios.
– Demasiada información que comprender – le dije –. Además estaré sola.
– No te preocupes – soltó una risa tan angelical, que quedé absorbida por ella al instante –. Estaré aquí mañana temprano.
– ¿Y la escuela? – si me iba a ir pronto, ese detalle no tendría que importarme, pero mientras seguía aquí…
– Detalles, además no les parecerá extraño si faltas unos días –, él se rió de nuevo con esa risa absorbente y perdí el hilo de la conversación, antes de irse me susurró en el oído – Te quiero, hermosa.
Estaba acostada de lado, esperando para que el sueño llegara, pero esa última frase volvió a despertarme, haciendo que me girara para verlo. Tenía su rostro demasiado cerca del mío, pero Sue es un caballero, y antes de que mis pensamientos se dispararan otra vez, me susurró.
– Duerme bien, mi dulce amada, mi hermosa princesa Irina.

1 comentario:

Naive dijo...

aaaaaaaaaaaaw que lindoooooooo!
Y.Y Ame a Sue *-*